Coordinación

10.02.2020

La coordinación se puede definir como la capacidad para realizar eficientemente los movimientos, de manera precisa, rápida y ordenada. Es decir, la coordinación es lo que nos permite mover de forma sincronizada todos los músculos implicados en una acción para realizarla de la manera más adaptada posible. Aunque la motricidad y el movimiento implican una gran cantidad de áreas cerebrales frontales, la principal estructura encargada de la coordinación es el cerebelo. Una mala coordinación puede impedir que vivamos con normalidad nuestro día a día. No es raro que la coordinación sea una de las capacidades que más se deteriore con el envejecimiento, dificultando las actividades de la vida diaria. Afortunadamente, la coordinación puede ser entrenada mediante estimulación cognitiva.

Psicomotricidad y coordinación

Cuando hablamos de coordinación, es importante diferenciarla de la psicomotricidad. La psicomotricidad es un término más amplio que el de coordinación, ya que incluye aspectos motores, cognitivos, sociales y afectivos. Por tanto, no hace sólo referencia a la destreza (o coordinación) con la que se lleva a cabo el movimiento, sino que también contempla la conciencia del propio cuerpo, la lateralidad, los conceptos espaciales, etc. Así, podemos hablar de diferentes tipos de psicomotricidad y de diferentes tipos de coordinación de manera más o menos independiente:

Tipos de psicomotricidad

Tipos de coordinación

Ejemplos de coordinación

  • La coordinación es una capacidad esencial en el deporte. Nos sería imposible correr, nadar, montar en bicicleta, chutar un balón, lanzar a canasta o batear una bola sin ayuda de nuestra coordinación.
  • Redactar un informe a ordenador, manejar maquinaria pesada o montar una mesa requiere una coordinación en buen estado. Una mala coordinación en ámbitos laborales podría dar lugar a muchos accidentes.
  • En el colegio empleamos la coordinación para escribir, dibujar o recortar, entre otras cosas. En la universidad necesitamos una buena coordinación para tomar apuntes o redactar exámenes a la velocidad necesaria).
  • Para dar respuesta a todas las exigencias de la conducción, debemos coordinar nuestros movimientos, pulsando los pedales en el momento adecuado, mientras cambiamos de marcha o giramos el volante.

Trastornos asociados a la coordinación

Conforme nos hacemos mayores, podemos sentir que nuestra coordinación no es tan buena como lo era unos años atrás. Aunque también podemos reducir el impacto de este deterioro mediante entrenamiento cognitivo, no podemos considerar que esto sea una patología como tal, ya que puede ser una consecuencia natural del envejecimiento. La mayoría de los trastornos que conllevan una alteración de la coordinación vienen dados por un daño en el cerebelo. Alguno de estos síntomas son los temblores, la ataxia (incapacidad de coordinar las distintas partes del cuerpo implicadas en una acción), el nistagmo cerebeloso (movimiento involuntario de los ojos al intentar fijarlos en la periferia del campo visual), la dismetría (incapacidad para coordinar el movimiento de las extremidades siguiendo la información visual), la asinergia (incapacidad para coordinar los movimientos, lo que suele provocar posturas extrañas), etc. De todos modos, hay otras alteraciones de la coordinación que se producen por un daño en áreas no cerebelosas, como la disartria (falta de coordinación, parálisis o debilidad en las partes motoras del habla). A menudo, una alteración de la coordinación puede conllevar un aumento en el tiempo de reacción.

Por otro lado, hay diversas enfermedades y trastornos que cursan con problemas en la coordinación. Uno de los más conocidos es la enfermedad de Parkinson. No obstante, también se pueden dar problemas de coordinación en la dislexia, en la disgrafia, en la esclerosis múltiple, en el trastorno del desarrollo de la coordinación, en distintos tipos de ataxia (como la Ataxia de Friedreich, o las ataxias espinocerebelosas), en traumatismos craneoencefálicos, tumores e ictus.