El TDAH

10.02.2020

La atención es necesaria para el funcionamiento del resto de nuestras capacidades cognitivas y, por tanto, una alteración de la atención puede dificultar muchas de las actividades que realizamos a diario. No obstante, hay que tener en cuenta que nuestro grado de atención puede variar a lo largo del día o bajo ciertas circunstancias sin que esto implique patología alguna: con el sueño, la fatiga, las altas temperaturas, el consumo de sustancias o drogas, etc. Los estados de atención excesiva (típicos de los estados delirantes) son conocidos como hiperprosexia. La situación opuesta es conocida como hipoprosexia o inatención. Cuando la incapacidad para prestar atención es extremadamente alta (como en el coma), puede llegar a darse la aprosexia, que sería la incapacidad para prestar atención, siendo prácticamente imposible atender o reaccionar a cualquier estímulo.

El trastorno más conocido de la atención es, probablemente, el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) o sin hiperactividad (TDA). Este trastorno conlleva una dificultad para dirigir y controlar la atención, así como la conducta en general. Se ha descubierto que el cerebro de las personas con TDAH muestra una serie de diferencias anatómicas en el núcleo accumbens, en el núcleo caudado, en el putamen, en la amígdala, en el hipocampo, en áreas prefrontales y en el tálamo. Estos síntomas y estas diferencias neuroanatómicas pueden ser consecuencia de una maduración tardía del cerebro.

Además del TDAH, existen diversos tipos de trastornos característicos de la alteración de los diferentes tipos de atención. Los estados de alteración del nivel de consciencia, como el estado de coma (o aprosexia), el estado vegetativo y el estado de mínima conciencia, cursan con una alteración en el nivel de alerta (arousal), o de atención focalizada y subprocesos atencionales más complejos. Estos trastornos son provocados principalmente como consecuencia de un daño cerebral, ya sea un ictus o un Traumatismo Craneoencefálico (TCE). Tras un daño cerebral, también pueden aparecer trastornos de atención en general (con una distractibilidad y fatigabilidad excesivas), o algunos más específicos como la heminegligencia (incapacidad para atender al lado contralateral de la lesión cerebral). Además, pueden darse alteraciones de la atención en patologías como la esquizofrenia, la dislexia, las demencias como la Enfermedad de Alzheimer. Por el contrario, en los trastornos de ansiedad, como el TOC (Trastorno Obsesivo-Compulsivo), o en trastornos depresivos se da un aumento de la atención, pero hacia los estímulos ansiógenos o negativos, descuidando el resto.